21 jun. 2015

Diario de un (ex) adicto (10 de X)

"Yo creo que esta va a ser la última cajetilla" me he hallado diciendo ya al menos tres veces en los últimos meses al ver el último cigarro; ese mismo día, quizá horas después de pensar o decir tal frase me hallo frente al cajero comprando una nueva.

Y es que realmente no estoy del todo convencido, no soy del todo honesto, al decir eso. Es solo un pensamiento fugaz que se escapa del fondo de mi ser y atraviesa la barrera de mi consciente.

Pero en el fondo no puedo sino expresar preocupación, miedo y terror, en la idea de que aquel valor y fuerza de voluntad que alguna vez mostré ya no esté en mi.

Después viene a mi la realidad tal y como es: yo realmente nunca tuve tal fortaleza por mi mismo.

Hoy siento es un día ideal, hoy es momento de la honestidad: nunca he dejado de fumar por deseo propio, por impulso personal; si he dejado de fumar, si volví a fumar también, fue por las mujeres.

¿saben? Es curioso por fin sentir que puedo admitir esto y no mantener el secreto a voces (porque seguro los que me conocen realmente siempre lo supieron) oculto por Dios sabe que razón -dicho sea de paso no entiendo hoy por hoy porque ocultar algo así.

Fume durante cinco años y por satisfacer a alguien, quien no me pidió directamente que lo dejare aclaro pues lo creo necesario, dejé de fumar.

En ella encontré en su momento mi motivación para dejar algo que, entiendo muy bien, no es absolutamente nada bueno para mi. Y tan pronto como llego, la inspiración se fue, aunque al final de mis constantes luchas decidi regresar al vicio para evitar la batalla conmigo mismo.

Un par de meses más intente dejarlo, por recomendación de una mujer mas, que lejos de involucrar sentimientos, me recomendó tal camino para mejorar mi performance físico en la natación; tal motivación efímera duro muy pero muy poco.

Después de ello mantuve un perfil bajo de fumador, un cigarro por acá y otro por allá, muy distantes uno del otro; no compraba cajetillas y solamente si sabia que estaba cerca de alguien a quien con confianza podía pedirle uno, sentia las ganas de fumar.

Y entonces, eh aquí lo curioso, el drama y la comedia de todo este asunto, tras una serie de altibajos con una ex pareja, decidi caer de lleno al vicio, sin frenos y sin restricciones.

Así es, hoy por hoy admito que por una mujer deje de fumar y por otra lo retome con venganza.

¿por qué tan difícil admitir eso? Porque, y me duele aceptarlo, demuestra que siempre y no tengo el carácter necesario para afrontar todo por mi mismo; que realmente necesito cierta fortaleza externa para poder superar ciertas cosas que otros pueden realmente trabajar por si solos.

Hoy por hoy, no encuentro aún la motivación para volver a dejarlo; tal vez deba aclarar que no quiero encontrarla afuera, que quiero decir que por mi mismo estoy dejando algo que daña mi ser y el de aquellos alrededor mio.

Mi pasado, la historia, no da buen augurio a encontrarlo, pero tal no me detendrá de intentarlo.

Letras muertas o el por qué casi abandoné esto.

Al final nunca comprendí el por qué escribo o dejo de escribir cuando claramente hay mejores maneras de liberar todo aquello que aplaca el alma y hace morir poco a poco, segundo a segundo.

Métodos tantos de desechar toda esa basura existencial que corroe nuestro fuero interno.  Pero nunca hallo alguno apropiado, uno que realmente permita liberar todo esa oscuridad que el el rey sol esconde en nuestro deteriorado interior al pasar de los minutos.

Es curioso eso de confiar en otros para poder expresar lo que no se puede. He probado esas mieles, son realmente apetecibles pero finalmente vacías. Porque siempre se considera que quien recibe nuestro desahogo es alguien que tiene su propio mar donde morir ahogado.

Las letras, en cambio ¡oh las letras! Ellas viven y mueren por nosotros, escudos tan rústicos o tan refinados como nuestra propia mente desee crearlos. Porque por frases, oraciones o eternos textos hemos como civilización podido avanzar a través de los eones.

Y sin embargo al escribir este fragmento me pregunto ¿qué es esto? ¿bajo qué corona me resguardo para tan impunemente asesinar letras que pueden ser utilizadas para fines de mas honor, gloria o bondad? Eso es un ejercicio en egoísmo, donde escribo solo para liberar lo interno.

El deseo de muerte emplazado en el asesinato del idioma, en la creación de textos sin rima ni sentido; corrompiendo la habilidad e inspiración en pro de una liberación que realmente nunca llegará.

Y es así, amigos, como termino este fragmento sin sentido y sin razón; amigos claro, ustedes no llegarán a esto porque seguramente los perdí por ahí del primer párrafo (y nos los culpo, me atrevo a aclarar, porque yo también me perdí a mi mismo y al sentido de todo esto pasado el título). Así que si leen esto, siento decepcionar a su razón, pues poco razonable y menos raciocinio encontraron el día de hoy.