25 feb. 2014

Las letras: sazón de vida.

Pues la vida en la oficina puede llegar a ser muy tediosa, a menos que se quiera ver de otra forma. Y es asi como le pido a la encargada de diseño que le ponga un vinil con mi nombre a mi metro:

"Os ruego, vosa merced me adjudique licencia para poder ostentar sobre mi estandarte de batalla el blasón de mi casa, pues en las lides que enfrasco en este campo de batalla día a día, es como estar sin un arma frente a la personificación de la guerra.

¡oh Musa del diseño y la creatividad escuchar mi súplica! No me dejeis morir en esta batalla sin un símbolo que identifique mi inerte ser frente a mis seres queridos."

Ya veremos si funciona.

Esto me respondió:

" vais a necesitar mas que eso ohhh señor de la crueldad, ya que vois habeis elegido enfrentaros en una batalla sin arma alguna al demostrar su emergente crueldad ;-) "

A lo cual escribí:

" Explicadme ¡oh doncella! ¿Qué arma sino la crueldad misma puede usarse ante un mundo cruel?

Y aún más, ¿puede decirse que la verdad, la verdad tal cual os la presente en su momento, puede considerarse como crueldad tal?

Pero no me encuentro en la posición de debatiros, pues debería estar en posición de súplica y perdón. La verdadera pregunta es, entonces, ¿qué debe hacer este inverbe caballero para ganar nuevamente su emblema?"

Finalizando ella el asunto con un:

" mmmm...... pensadno!!!!"

Y no, no estoy seguro que significa eso último jaja

23 feb. 2014

Alientos de convicción

Podríamos describir la inspiración como esos impulsos nervo-cerebrales, esa electricidad creada por nuestras neuronas, que comparte una oscilación con esos impulsos del alma, con los latidos del corazón.

Para bien o para mal —más común lo segundo que lo primero— esos mismos impulso eléctricos son los culpables de otro tanto cúmulo de ideas, ideas que se hilvanan en pensamientos, estos en acciones y acciones que saben matar; pues matar acaso no siempre es tomar un arma y cegar una vida, pues la muerte puede llegar en muchas y variadas: la muerte puede llegar como un asesinato de inspiración a través de la una mala oración.

Ideas que caen, pensamientos que no llegan a su destino; una inspiración muerta impunemente debido a aquellos que solo destruyen y no saben, no conocen ni aprecian, el construir con la lengua.

Y sin embargo, la idea sigue ahí cual sombra que se rehúsa a ser pisoteada por una vida que sigue siendo lo típico y que no se atreve a más.

Pero entonces, cuál deidad que se niega a la violencia, ente benevolente que aún guarda esperanza, luz transformada en palabras, en otras tantas ideas qué, quizá solas, no aparentan tener conexión con nada en particular, responden a aquella vibración que dio vida a las primeras y juntas, reivindican la pasión y la inspiración; la llama revive e ilumina el camino hacia la realización y la creación.  

El arte vive, el arte nace y se perpetúa en cuanto la inspiración vuelve a respirar, en cuanto se recibe un aliento de convicción que representa un impulso a cumplir y hacer música esa oscilación melódica y armoniosa entre la mente y el corazón.


Historia inspirada por aquella futura cineasta, ella con la que me topé disfrazada de barista en un Starbucks en lo alto de mi ciudad.

18 feb. 2014

Caprichosas cruces personales

Con el pasar de los años, con el pasar de las acciones y el sufrir de las consecuencias, el ser aprende a reconocer ciertos patrones que, otrora parecían arbitrarios, de una u otra forma definieron nuestras acciones en tiempos pasados.

Esta compresión —quizá parte de ese ritual tan deseado de encontrar la madurez— en retrospectiva nos enseña que, acaso usando arquetipos muy generales y caprichosos en si mismos, existen dos caminos de comportamientos respecto a otros que se definen en nuestra capacidad de reflejar empatía en ellos: egoísmo o altruismo.

Ok, ok: acepto que lo de arquetipos generales se queda corto pero, si bien todo en la vida se define a través de tonos y no colores diametralmente opuestos, el espectro del que hablo si tiene unos limites considerables en donde se cruza hacia uno u otro lado.

El interés por si mismo —egoísmo— nos lleva a mostrar empatía toda vez esta nos impulse a lograr metas puramente personales y de beneficio propio, un enfoque en productividad y eficiencia personal en donde el fin justifica los medios y el camino puede estar tachonado y pavimentado de aquel que hoce cruzarse sin saber con quien.

El interés por los otros —altruismo— donde el método aparentemente correcto, quizá mucho más complicado si consideramos el sin fin de variables que se pueden presentar, es velar por llenar nuestra vida a través del bienestar y felicidad de otros; donde, si es necesario, esperando no caer en el masoquismo autoinfligido, se está dispuesto a ser ese camino pavimentado en donde otros puedan alcanzar sus metas —que a diferencia del anterior se hace de forma voluntaria y amena.

¿Qué camino elegir? Y ahí está el meollo del asunto, pues el camino se escoge conforme a muchos factores que rodean al ser mientras crece, que si bien en algún punto se tiene la posibilidad de cambiar la perspectiva, se crece con la idea que cómo hemos sido siempre es cómo se debe ser y ya.

Así que en su momento lo que parece ser —para otros al menos— una elección caprichosa de actuar es, para todas intenciones y propósitos, como nos define en arquetipos que mueven la dinámica entre nosotros y el resto del mundo.

¿Qué sos? El pilar que soporta al mundo o la aplanadora que lo amolda a su gusto.