24 dic. 2015

El regalo.

¿Qué regalar en esta Navidad?  Al final si le preguntas eso a cada uno de los que te rodea, podes obtener una cantidad obscena de respuestas distintas: juguetes, joyas, ropa, chocolates, rosas, dulces, dinero; nada.

Créanme, con gran parte de la humanidad poniendo su mayor empeño —y están también aquellos que no ponen empeño alguno porque la Navidad es comercial, es para débiles o simplemente no tienen sobre quien enfocar dinero y atención.

¿Qué regalar en esta Navidad? Los gustos son tan distintos, tan variados, tan cambiantes que difícilmente se puede quedar 100% satisfecho con lo dado, acaso la idea es, precisamente, quedar bien con el otro; y está bien, es perfectamente entendible: ¿acaso no se regala para poder agradar?

Bueno, eso parece una odisea curiosa por la cual estamos dispuestos a pasar en cada ocasión que se nos ocurra.  Voy yo hoy —raro, lo sé— a proponer que agreguemos a la lista de regalos algo más, no es algo diferente ni raro; no es algo caro ni extraño; no es nada que no nos sea natural: darnos la oportunidad de hacer a otro sonreír.

En estas fiestas la melancolía y la tristeza es algo tan natural como los regalos y la comida; todos y cada uno de nosotros tenemos la chance de poder dar un poco de alegría a otros.  No voy yo recomendando que tratemos de abrazar o hacer reír a extraños, no: no queremos heridos en estas fiestas. 

Lo que propongo es que esos abrazos, esos gestos, esas bromas, esas pantomimas se den a su familia, amigos, pareja; realmente puede que detrás de esa sonrisa o saludo cordial halla un mundo de dudas, sombras y miedos que pueden apagarse, se pueden enmudecer con tales gestos.  Eso, amigos y amigas, eso es realmente el objetivo de estos días.  La felicidad es algo que puede darse y recibirse; un regalo preciado que puede durar un instante o recordarse toda una vida.


Hoy, como un extra a lo ya comprado, demos el regalo de la felicidad; quién sabe, quizá alguien allá afuera nos devuelva el favor y cree algo qué, para nosotros, sea para nunca olvidar.


Escuchando mientras escribía: #np Disclosure, Sam Smith - Omen - Radio Edit

21 jun. 2015

Diario de un (ex) adicto (10 de X)

"Yo creo que esta va a ser la última cajetilla" me he hallado diciendo ya al menos tres veces en los últimos meses al ver el último cigarro; ese mismo día, quizá horas después de pensar o decir tal frase me hallo frente al cajero comprando una nueva.

Y es que realmente no estoy del todo convencido, no soy del todo honesto, al decir eso. Es solo un pensamiento fugaz que se escapa del fondo de mi ser y atraviesa la barrera de mi consciente.

Pero en el fondo no puedo sino expresar preocupación, miedo y terror, en la idea de que aquel valor y fuerza de voluntad que alguna vez mostré ya no esté en mi.

Después viene a mi la realidad tal y como es: yo realmente nunca tuve tal fortaleza por mi mismo.

Hoy siento es un día ideal, hoy es momento de la honestidad: nunca he dejado de fumar por deseo propio, por impulso personal; si he dejado de fumar, si volví a fumar también, fue por las mujeres.

¿saben? Es curioso por fin sentir que puedo admitir esto y no mantener el secreto a voces (porque seguro los que me conocen realmente siempre lo supieron) oculto por Dios sabe que razón -dicho sea de paso no entiendo hoy por hoy porque ocultar algo así.

Fume durante cinco años y por satisfacer a alguien, quien no me pidió directamente que lo dejare aclaro pues lo creo necesario, dejé de fumar.

En ella encontré en su momento mi motivación para dejar algo que, entiendo muy bien, no es absolutamente nada bueno para mi. Y tan pronto como llego, la inspiración se fue, aunque al final de mis constantes luchas decidi regresar al vicio para evitar la batalla conmigo mismo.

Un par de meses más intente dejarlo, por recomendación de una mujer mas, que lejos de involucrar sentimientos, me recomendó tal camino para mejorar mi performance físico en la natación; tal motivación efímera duro muy pero muy poco.

Después de ello mantuve un perfil bajo de fumador, un cigarro por acá y otro por allá, muy distantes uno del otro; no compraba cajetillas y solamente si sabia que estaba cerca de alguien a quien con confianza podía pedirle uno, sentia las ganas de fumar.

Y entonces, eh aquí lo curioso, el drama y la comedia de todo este asunto, tras una serie de altibajos con una ex pareja, decidi caer de lleno al vicio, sin frenos y sin restricciones.

Así es, hoy por hoy admito que por una mujer deje de fumar y por otra lo retome con venganza.

¿por qué tan difícil admitir eso? Porque, y me duele aceptarlo, demuestra que siempre y no tengo el carácter necesario para afrontar todo por mi mismo; que realmente necesito cierta fortaleza externa para poder superar ciertas cosas que otros pueden realmente trabajar por si solos.

Hoy por hoy, no encuentro aún la motivación para volver a dejarlo; tal vez deba aclarar que no quiero encontrarla afuera, que quiero decir que por mi mismo estoy dejando algo que daña mi ser y el de aquellos alrededor mio.

Mi pasado, la historia, no da buen augurio a encontrarlo, pero tal no me detendrá de intentarlo.

Letras muertas o el por qué casi abandoné esto.

Al final nunca comprendí el por qué escribo o dejo de escribir cuando claramente hay mejores maneras de liberar todo aquello que aplaca el alma y hace morir poco a poco, segundo a segundo.

Métodos tantos de desechar toda esa basura existencial que corroe nuestro fuero interno.  Pero nunca hallo alguno apropiado, uno que realmente permita liberar todo esa oscuridad que el el rey sol esconde en nuestro deteriorado interior al pasar de los minutos.

Es curioso eso de confiar en otros para poder expresar lo que no se puede. He probado esas mieles, son realmente apetecibles pero finalmente vacías. Porque siempre se considera que quien recibe nuestro desahogo es alguien que tiene su propio mar donde morir ahogado.

Las letras, en cambio ¡oh las letras! Ellas viven y mueren por nosotros, escudos tan rústicos o tan refinados como nuestra propia mente desee crearlos. Porque por frases, oraciones o eternos textos hemos como civilización podido avanzar a través de los eones.

Y sin embargo al escribir este fragmento me pregunto ¿qué es esto? ¿bajo qué corona me resguardo para tan impunemente asesinar letras que pueden ser utilizadas para fines de mas honor, gloria o bondad? Eso es un ejercicio en egoísmo, donde escribo solo para liberar lo interno.

El deseo de muerte emplazado en el asesinato del idioma, en la creación de textos sin rima ni sentido; corrompiendo la habilidad e inspiración en pro de una liberación que realmente nunca llegará.

Y es así, amigos, como termino este fragmento sin sentido y sin razón; amigos claro, ustedes no llegarán a esto porque seguramente los perdí por ahí del primer párrafo (y nos los culpo, me atrevo a aclarar, porque yo también me perdí a mi mismo y al sentido de todo esto pasado el título). Así que si leen esto, siento decepcionar a su razón, pues poco razonable y menos raciocinio encontraron el día de hoy.

11 feb. 2015

Poema de ánimo y otras tantas cosas.

Durante mis días he escrito cada cosa curiosas, muchas de ellas sin publicar en su debido tiempo.

Hoy que pareciera ando inspirado, musas que viene y van a su antojo, encuentro cosas que escribí en mi pasado.

Aquí un fragmento, sencillo, que hice para alguien con tal de animarle en tiempos difíciles.

"Usted mujer que lleva el tango en las venas, fémina con una deliciosa fascinación con las mallas negras.

No claudicar pues la persistencia es de su carácter un tesoro, que la felicidad no se encuentra necesariamente a través del oro.

¡Adelante y sin mirar atrás usted sigue! En pos de una promesa de felicidad que se persigue. 

Que aunque crea un ejercicio propuesto poco fiable, el objetivo al finalizar, créame se lo digo de corazón, es incomparable."

21 ene. 2015

Bondad: el emprendimiento menos rentable del ser humano actual

Y es que empezando con un título tal, no puede sino argüirse el cinismo con el que voy a encarar el tema que les presento a continuación. Véase que el cinismo y propiedad con el que relataré esta pequeño asunto lo hago en virtud de que he comprobado en carne propia que esto es una realidad ya.

Entendamos desde ya que la bondad es una inclinación a hacer el bien.  Punto final.

Si partimos de tal definición ¿cómo podemos justificar algo como el emprendimiento menos rentable del ser humano actual?  Aquí veremos una sarta de ideas que quizá no tengan mayor sustancia que las palabras mismas en si, los casos que relato incluso, toda vez son experiencias relativamente cotidianas o mundanas de las cuales he tenido conocimiento o, en ocasiones, he sido participe.

Enfrentamos una realidad en la que, alrededor del mundo, leemos día tras día acerca de corrupción, abuso de autoridad, explotación; nuestros medios de comunicación están permeado por esta realidad y pues hasta cierto punto nosotros mismos lo hemos llevado a ese extremo; es lo que vende.

Siempre se encuentra esa opción mucho más extrema de los casos planteados: periódicos amarillistas o directamente de tinte rojo en los que se explota la violencia que nos rodea con imágenes explícitas y titulares crudos y con poco tacto.  Periodicos que venden, que tienen harta circulación dentro de niveles sociales y educativos bajos —qué, dicho sea de paso, son el vox populi de los países en desarrollo, como el nuestro.

Bueno, bueno; toda esta es una hermosa expresión de la sociedad como tal.  Si, perfecto, la sociedad es al fin y al cabo una reflejo de una actitud de "masas" en las que una conciencia general dicta lo aceptable y lo inaceptable.  Y poco a poco, casi sin quererlo pero siempre de forma un poco consciente, nos vamos acostumbrando a ese asunto de ver normal todo esto.


¿Dónde queda la bondad en todo esto?


Bueno, pues he ahí el dilema que planteo a continuación; la sociedad y cultura como tal van resaltando más todo lo malo del ser humano y, en un pie de página o esquina de aquella hoja menos leída, se van haciendo menciones casi en tono honorifico de las cosas buenas que pasan en el mundo.

Y es que nosotros mismos como sociedad hemos llevado a esto: aquí es mucho más fácil ver lo malo que lo bueno; encontrar las malas intenciones es cosa sencilla y casi automática; la confianza es un tesoro demasiado precioso como para andarlo "regalando".

Las apariencias engañan y en algunos casos lo llegan a ser todo; juzgar una acción por lo que parece y no por lo que es.  Estamos tan acostumbrados a ese negativismo, ese cinismo, esa dolencia de nuestro ser, de nuestra sociedad —esa idea de que lo malo es lo que hay— que cuando algo inofensivo, normal, o incluso bueno, aparece de frente nos cuesta creen en ello.

Vamos, aquí lo bueno para la humanidad como mayoría va teniendo tinte de dios falso, nos volvemos ciegos hacia la idea de que de hecho aún existen acciones bondadosas, desinteresadas u similares; ¡debemos hallar el trasfondo real de eso!  Ya no se da en estos tiempos, dirían otros.

 Así que ahora hasta los que son —¿me atrevo a decir somos? insolentemente, por supuesto— en terminos generales más buenos que malos consideran en ocasiones, cuando la voluntad y la perseverancia flaquean, que al final todo el esfuerzo de tratar de ser así puede que sea en vano; la sociedad ya no espera que eso que se representa a través de sus acciones sea real o creíble.  Pero no, al menos en mi experiencia les digo, ni siquiera esos pensamientos curan ese "mal" actual de querer ser bueno, de hacer las cosas por bien; de ver bondad, sinceridad y honestidad en las cosas y en las personas.  

No, no somos ciegos ¡lejos de ello! pero si el mundo que nos rodea ya coloca en nosotros esos anteojos tintados por violencia, apatía, desinterés y poca humanidad, nuestra responsabilidad como seres humanos es luchar porque esa idea del bien no pase de moda.