16 jul 2014
4 may 2014
30 abr 2014
Espantos fantasmas, cadáveres vivientes, espectros infernales, demonios... La encarnación de la muerte misma. Estos son los típicos sujetos a los cuales se teme, se huye; frente a los cuales se tiembla.
¡No! Digo una y otra vez no. El verdadero miedo debe ser a la humanidad misma, al verdadero ente capaz de maldad pura, sin sentido y con claro propósito.
¿Temerle a los espectros o a las sombras? ¿A la oscuridad? No, a ellos no: los muertos muertos están para siempre.
8 mar 2014
5 mar 2014
A estas alturas del asunto es difícil saber si el deseo de fumar se deriva de la dependencia a la nicotina o al conocimiento de qué cada cigarro es una alegoría a la autodestrucción de mi mismo -me inclino por lo segundo.
Esa sensación de que cada calada es una sentencia de muerte para neuronas y capacidad respiratoria es un claro estandarte de que ese aparente masoquismo que otrora profesaba como una broma se ha vuelto una latente realidad.
Y es aquí donde se presenta una cuestión que inyecta miedo en mi, no tanto por la pregunta en sí sino porque, en el fondo no tan profundo y cada vez más aparente, la respuesta es una que ya conozco: ¿Es está acción de autodestrucción algo completamente voluntario o solamente un resultado colateral de una punitiva batalla que parece nunca dejaré de tener conmigo mismo?