21 ene 2015

Bondad: el emprendimiento menos rentable del ser humano actual

Y es que empezando con un título tal, no puede sino argüirse el cinismo con el que voy a encarar el tema que les presento a continuación. Véase que el cinismo y propiedad con el que relataré esta pequeño asunto lo hago en virtud de que he comprobado en carne propia que esto es una realidad ya.

Entendamos desde ya que la bondad es una inclinación a hacer el bien.  Punto final.

Si partimos de tal definición ¿cómo podemos justificar algo como el emprendimiento menos rentable del ser humano actual?  Aquí veremos una sarta de ideas que quizá no tengan mayor sustancia que las palabras mismas en si, los casos que relato incluso, toda vez son experiencias relativamente cotidianas o mundanas de las cuales he tenido conocimiento o, en ocasiones, he sido participe.

Enfrentamos una realidad en la que, alrededor del mundo, leemos día tras día acerca de corrupción, abuso de autoridad, explotación; nuestros medios de comunicación están permeado por esta realidad y pues hasta cierto punto nosotros mismos lo hemos llevado a ese extremo; es lo que vende.

Siempre se encuentra esa opción mucho más extrema de los casos planteados: periódicos amarillistas o directamente de tinte rojo en los que se explota la violencia que nos rodea con imágenes explícitas y titulares crudos y con poco tacto.  Periodicos que venden, que tienen harta circulación dentro de niveles sociales y educativos bajos —qué, dicho sea de paso, son el vox populi de los países en desarrollo, como el nuestro.

Bueno, bueno; toda esta es una hermosa expresión de la sociedad como tal.  Si, perfecto, la sociedad es al fin y al cabo una reflejo de una actitud de "masas" en las que una conciencia general dicta lo aceptable y lo inaceptable.  Y poco a poco, casi sin quererlo pero siempre de forma un poco consciente, nos vamos acostumbrando a ese asunto de ver normal todo esto.


¿Dónde queda la bondad en todo esto?


Bueno, pues he ahí el dilema que planteo a continuación; la sociedad y cultura como tal van resaltando más todo lo malo del ser humano y, en un pie de página o esquina de aquella hoja menos leída, se van haciendo menciones casi en tono honorifico de las cosas buenas que pasan en el mundo.

Y es que nosotros mismos como sociedad hemos llevado a esto: aquí es mucho más fácil ver lo malo que lo bueno; encontrar las malas intenciones es cosa sencilla y casi automática; la confianza es un tesoro demasiado precioso como para andarlo "regalando".

Las apariencias engañan y en algunos casos lo llegan a ser todo; juzgar una acción por lo que parece y no por lo que es.  Estamos tan acostumbrados a ese negativismo, ese cinismo, esa dolencia de nuestro ser, de nuestra sociedad —esa idea de que lo malo es lo que hay— que cuando algo inofensivo, normal, o incluso bueno, aparece de frente nos cuesta creen en ello.

Vamos, aquí lo bueno para la humanidad como mayoría va teniendo tinte de dios falso, nos volvemos ciegos hacia la idea de que de hecho aún existen acciones bondadosas, desinteresadas u similares; ¡debemos hallar el trasfondo real de eso!  Ya no se da en estos tiempos, dirían otros.

 Así que ahora hasta los que son —¿me atrevo a decir somos? insolentemente, por supuesto— en terminos generales más buenos que malos consideran en ocasiones, cuando la voluntad y la perseverancia flaquean, que al final todo el esfuerzo de tratar de ser así puede que sea en vano; la sociedad ya no espera que eso que se representa a través de sus acciones sea real o creíble.  Pero no, al menos en mi experiencia les digo, ni siquiera esos pensamientos curan ese "mal" actual de querer ser bueno, de hacer las cosas por bien; de ver bondad, sinceridad y honestidad en las cosas y en las personas.  

No, no somos ciegos ¡lejos de ello! pero si el mundo que nos rodea ya coloca en nosotros esos anteojos tintados por violencia, apatía, desinterés y poca humanidad, nuestra responsabilidad como seres humanos es luchar porque esa idea del bien no pase de moda.

22 sept 2014

El agua cuando chocan las nubes

Recordando algunas ocasiones junto a ti, no podía sino que pensar que para mi te convertiste en aquellas gotas de agua que nacen del encuentro entre nubes.

Tanto cuanto para mi esas representan paz, serenidad, libertad, tranquilidad.

Eras, acaso en instantes pasados, lluvia en aquellos momentos de sequía existencial; una especie de liberación personal. ¿cómo se que eras lluvia? Porque al igual con ella, contigo me era más sencillo sonreír.

16 jul 2014

Diario de un (ex) adicto (9 de X)

Una cajetilla completa en un fin de semana: ese fue el resultado de una pequeña crisis emocional que tuve no hace mucho y el asunto al final se me salió de control.

Fume en cadena, aprendí a manejar con la mano derecha y absorbí tanto humo como para asegurarme un buen cáncer de pulmón de aquí a un par de años.  ¿Todo por qué?  La verdad, no lo se.  Después de lo sucedido, parecía ser lo que mi cuerpo, mi mente y mi lógica dictaba como lo más natural.

Tiempo después me preguntaron si realmente eso me ayudó, si el cigarro tuvo un efecto y ahora les puedo confesar que en realidad no sirvió de nada, pues aunque en el pasado el cigarro me ayudaba a controlar mis niveles de stress en este caso solo sirvió para reforzar mi debilidad emocional.

Al final de esta odisea, la cajetilla se sienta en mi mesa, con dos cigarrillos pendientes, número simbólico que ahora más que nunca tiene un propósito, que me recuerda mis caminos erróneos y como al final todo es relativo, controlable y estable siempre y cuando se desee como tal.  ¿Esa noche? No, esa noche solo caos deseaba en mis alrededores: desorden, descontrol, adicción, poco amor propio y negatividad.

Lo dije alguna vez y lo repito ahora, verdaderamente el cigarro es un vicio del que —y ahora pienso que puede ser a propósito— no voy a poder escapar jamás.

El colapso del yo

Harto interesante es descubrir por las malas eso que muchos, que el hombre como tal, ha sabido desde hace tiempo y que, por mi forma de ser, yo he evitado como si fuera la plaga: las emociones negativas repentinas tienen un impacto real físico sobre una persona.

Sin entrar en detalles, porque a estas alturas eso ya es total y completamente innecesario de recordar, he pasado por ciertas etapas personales que me han presentado con escenarios sumamente negativos en los que me termino hundiendo —no de forma voluntaria debo aclarar, aunque no es raro que por temporadas yo me sumerja en esos abismos con tal de controlar mis emociones— y de los cuales me ha costado salir.  Todo llego a su esperado coralario hace poco y el resultado fue poco menos que devastador.

Y es que no quiero caer en el dramatismo, al menos no el innecesario, pero el epitome de todo este asunto, aparte del mal carácter, se transformo en dolor y malestar físico; algo tan real que si no es porque me hallaba en tales circunstancias —y que ahora que me hallo un poco más liberado lo veo más claro— me hubiera dejado perplejo: y es tal el poder de las emociones que pueden influenciar de forma directa en un estado corporal y físico sin aviso o advertencia alguna.

Alguna vez leí eso de que se podía morir por amor, por la falta de alguien o por otras tantas cosas que atañen a las esferas emocionales y no tanto las físicas; siempre lo descarte como simple casualidad. Si con algo tan vano como lo sucedido en mi caso repercutió en una molestia perceptible en lo físico, tan solo puedo imaginar como este correlación se transforma en una relación proporcional entre la magnitud del afecto emocional y la respuesta corporal hacia ello.  Puede que si haya merito, después de todo, en esas historias.

¿Por qué el colapso del yo, entonces?  Porque, como dije anteriormente, sin entrar a detalles que ya se me antojan harto innecesarios, eso fue lo que mi mente y, en cierto grado mucho menos potente, sufrí hoy.



#np At The Gates - [The Red In The Sky Is Ours (1992)]

4 may 2014

The depths of the abyss -part I-

La caída ha sido más larga, y el abismo mucho más profundo de lo que en su momento contemplé capaz.  Han sido cuánto, ¿un par de meses ya?  Parece no haber una razón clara del por qué estoy así —que posiblemente aumenta más la frustración de la situación—, solo sé que el asunto a veces parece mejorar, a veces parece iluminarse pero igual termina —o me termino— hundiendo cada vez más.

Siempre he sido partidario de experimentar tanto los altos como los bajos de las emociones humanas, pero si me parece de particular notoriedad como este bajo particular parece ser más largo y profundo, mucho más que cualquier otro que haya experimentado antes.  Lo que me asusta quizá un poco es que tengo una extraña sensación de que me estoy haciendo renuente a salir de él.

Pues nada, escribo esto como una forma de documentar el asunto, pues por una parte me está volviendo loco y paranoico todo esto, caer en tal grado de negatividad interna; interna en la medida en la que, creo, nadie ha notado que me hallo en tal precariedad salvo por algunos pocos vislumbramientos que a la larga trato de mantener al mínimo.

Pues nada, ahí está.  La primera parte, el prologo acaso, de esta historia.  Quizá me anime a profundizar más con todo este asunto, pero aún no lo sé.