4 nov 2013
29 jul 2013
En mis días el baile se ha visto redefinido a través de los ojos de muchos de igual número de maneras: algunos hace un trabajo de ello, otros tantos lo hacemos un hobby y otros mas viven y respiran música.
Los últimos toman esta pasión y la hacen suya -en niveles distintos de compromiso y apego-, una innegable e inherente parte de su ser.
El sábado 27/XII fui testigo de un despliegue de ritmos, de tonos, de pasos y cadencias pero mas qué eso fue un despliegue de pasión, sentimiento y vida. Un grupo de jóvenes y señoritas de distintas fondos y con caminos distintos se fundieron al son de Guatemala y al ritmo y palpitar de sus corazones.
Un saludo para ustedes, mi mas sincera felicitación y mi mas profundo agradecimiento por darme una perspectiva nueva de lo qué puede significar la danza cuando el ritmo qué la guía son los latidos del corazón.
11 jul 2013
Empiezo a sospechar que mis incursiones en las relaciones entre personas tomando el rol de cupido tienden a seguir un patrón curioso.
En las últimas ocasiones qué he llegado a ello, y qué, además, he tenido éxito se ha suscitado una curiosa situación: yo me he encontrado en una relación paralela con otra persona mientras intento ser el "cupido" de terceros. Lo cómico -o asi quiero verlo- es qué mientras la relación de los terceros florece la mía se cae en picada.
El problema con mi teoría es qué, como se imaginaran, no estoy realmente emocionado con el prospecto de recopilar mas evidencia acerca de estas casualidades qué puedan no serlo.
21 jun 2013
Estúpido corazón qué corre y late en arranque de frenesí; una percusión rítmica qué amenaza con reventar mi pecho desde adentro.
Ese estúpido corazón, ese débil corazón, ese patético corazón qué late por la imagen, el legado y el fantasma de aquello qué nunca fue.
11 jun 2013
En realidad nunca se deja el vicio atrás del todo...
Y esto qué nuevamente me veo en ese predicamento de dejar de fumar -para los qué no lo so sabían, comencé a fumar nuevamente hace seis meses- en situaciones harto similares a las mostradas en el caso anterior. ¿Qué situaciones? Pues el de tener qué librar la batalla solo y bajo grandes niveles de stress.
La diferencia, en este caso, radica en qué está vez lo hago por una razón mucho más egoísta qué la anterior -léase: por mi- y no por in falso sentido de pertenencia o aceptación.
Al final puede qué los motivos sean otros pero la batalla es cuesta arriba, posible y totalmente alcanzable, pero difícil de igual manera.
Esto puede qué no sea una novela de ficción o cuento de hadas, pero si el hombre común ha estado cerca alguna vez de pelear con demonios -acaso propios, acaso internos- debe ser como esto y nada más.