9 dic 2012

Dolorosa catarsis

Mientras escribo lo siguiente puedo ver los puntos ensangrentados en mi puño —no se preocupen, se lee mucho más dramático de lo que realmente es— y noto que parte de mis características anormales es encontrar medio de catarsis que no son precisamente inofensivos (para mi persona), hablando francamente: el golpearme el pecho al ritmo de la música que escucho y, de forma más radical, golpear la pared como una forma de liberar mis frustraciones.

Los que me conocen saben que la última forma en la que podrían describirme es como alguien violento, y sin embargo estas dos formas de liberar "vapor" no son precisamente actitudes de una persona que se describe como lo anterior.

Ahora que lo analicé (gracias a la pregunta de una amiga) es que, si tiene alguna respuesta lógica todo esto, es que ese dolor —acaso temporal— es un sustituto efímero de cualquier sentimiento que desee liberar por medio de estas acciones.

¿Me enorgullezco de esto? No precisamente, pero tampoco puedo negar que es una de mis formas muy particulares de comportarme, algo de lo que soy y siempre he sido; todo parece indicar que, aunque puedo reducirlo de forma considerable, no creo que alguna vez deje de hacerlo del todo.

Si me preguntan la inspiración detrás de esta entrada, solo digamos que hoy reinicié el contador de "días que llevo sin liberar mi frustración con un golpe a la pared".

13 nov 2012

Envenenado

Envenenado por las circunstancias y experiencias; pierdo el agarre con la humanidad y me convierto en un engendro de los tiempos modernos.

Envenenado por mi propia mano y por la de nadie más, porque en mi mente la única defensa a lo que me rodea es envolverme de esa misma inhumanidad que es tan prevaleciente hoy; y sin embargo lucho por no perder todo lo que he sido y lo que se ha formado por lo que he vivido

Envenenado por mi ambivalencia, mi calidez y frialdad en uno, me veo parte de juegos que no quiero presenciar —menos aún participar—, enredado por ser participe de una actitud de preocupación, importancia o simple empatia.

Envenenado por vivir con ideales y costumbres harto anacrónicas me veo hecho solamente en una curiosidad particular que sobresale de lo que me rodea y no en el ser que pretendo ser, en el ser que quiero al final ser.


Escuché mientras escribía: Anathema - [We're Here Because We're Here (2010)] - A Simple Mistake

2 oct 2012

El ogro en el espejo.


Hoy después de bastante tiempo, alguien me comentó que ciertas formas de reaccionar en mi “la asustan”; el que alguien que conozco y he tratado con el mayor respeto, considere que hay en mi algo que puede llegar a infundirle miedo es una situación que trajo a la memoria ciertos recuerdos y situaciones que me acompañaron en mi día a día durante los pasados 3 años.

En el colegio, con amigos, en la universidad o caminando por la calle, le gente siempre tuvo una primera impresión muy brusca de mi persona: enojado y frío.  Es tan solo cuando la gente se tomaba la molestia de conocerme encontraba el verdadero yo y, aun así, en ocasiones, la gente nunca termino de perder esa primera imagen de mi.

En años posteriores, y derivado del ambiente social donde me desarrollé, no fueron pocas las ocasiones en las que las personas me volteaban a ver con recelo, con desconfianza o con miedo; otras tantas ocasiones llegaron a cruzar de acera con tal de no toparse conmigo; aún menos ocasiones, en casos muy raros, protegían sus pertenencias al sentir mi presencia.  Al principio, como toda novedad, me pareció gracioso; con el tiempo se fue convirtiendo en un factor alienante, que genera incomodidad y que, en ocasiones, creaba un deseo de reclusión y alejamiento; el sentido de alineación que era transmitido de otros hacia mi persona; por mi propia imagen y aura se me convirtió en un paria de la sociedad.

Con el tiempo mi imagen fue cambiando, y pensé que había dejado esa situación atrás pero, para mi sorpresa, el asunto tan solo empeoró; ¿cómo tomar la expresión “y eso me asusta” cuando se refiere a actitudes mías?  Es decir, ya no es ahora solamente acerca de la imagen, sino de mi comportamiento, de lo que soy y lo que doy a conocer.  Tan solo recuerdo que antes el conocerme disipaba gran parte de la duda (sino es que toda) de que mi imagen y mi persona no tienen mayor resonancia, que no soy el ogro que parezco ser.  Pues ahora ese paradigma que había creado de mi parece ya no ser valido del todo; ahora mis acciones, la gran mayoría de ellas de índole bondadosa, no terminan de balancear esa imagen o actitud en mí que genera miedo en personas que, de una u otra forma, ya confían en mí.

Es entonces cuando una simple frase me deja pensando y contemplando como ya no es solo acerca de la imagen sino del comportamiento; donde el ogro dejó de ser la coraza y se convirtió en la esencia. O donde, quizá, el ogro que siempre fue una esencia se libero de las ataduras de esa coraza.

Conversaciones de oficina.

Debido a la transición que estoy haciendo entre el turno de día y el de noche en mi trabajo, estos pasados días me he encontrado con bastante tiempo disponible frente a la computadora de la oficina y, por ende, a mi teléfono celular.

El día de hoy, sin planearlo, una amiga de la oficina y yo decidimos convertir una conversación sin mayor rumbo en un fragmento de prosa ambientada en el medioevo: una conversación y una promesa entre un caballero y su dama.  La conversación fue algo así:

— Ana: tu puro sarcasmo nombre ya vas
— Yo: En serio! Difícil de creer, lo se.
— Ana: nunk me lo imagine de ti
— Yo: Siento haberte decepcionado. =(
— Ana: me acabas de romper el corazoncito en muhos pedacitos no mas decepciones x favor :´(
— Yo: Nooooo, no me gusta romperte el corazón. Oh cruel individuo que soy! =(
— Ana: tarde ya muchas lagrimas derramadas
  tu individuo cruel :´(
— Yo: Como osé yo hacer llorar a tan bella dama, castigo divino he de tener en mi faz por tal afrenta!
— Ana: castigo divino, oh mi noble caballero, no cree ud, que es mucho mal el q ud esta pidiendo x tan inocenten falta, pues yo se que no ha sido su deseo
— Yo: Oh acaso es monumental la misericordia que sua labios profesan sobre mi ser, bella dama, pues me considera digno de un castigo menor como recompensa de una injuria tan grave y penosa como la de derramar lágrimas sobre su hermoso rostro.
— Ana: creame buen caballero, que ya es suficiente castigo, el pesar que ud siente, como para que yo le desee mal alguno
— Yo: Que los trovadores y bardos de esta tierra todos canten a los cuatro vientos su magnanimidad y elocuencia, bella dama; pues este noble caballero jura de forma perenne defender su honor y existencia frente a cualquier afrenta u ofensa que ose embestir en su contra. Pues a partir de esta noche y hasta el fin de los días este caballero os jura su lealtad.
— Ana: oh caballero, por su gran nobleza, he de nombrarlo Sir Cristian
— Yo: *coloca la rodilla en tierra e inclina la cabeza* 
— Ana: el pueblo aplaude con regocijo y felicidad, oh sea grande sir Cristian, exclaman!!
—  Yo: ~Fin~

En retrospectiva, me pregunto porque decidimos convertir el asunto en todo esto y, ahora que lo leo, me parece tan particular y tan extraño. =P

28 ago 2012

Un verso, un perdón.

Pues hoy en la oficina, por pedido de una compañera de trabajo, decidí emplear mi complejo de Cyrano de Bergerac e inventarme un pequeño fragmento o poema.  Sin entrar a mayores detalles, para respetar la identidad y razón del pedido, recuerdo haber hecho algo así:

En esta oscura penumbra, tu mirada me hace falta como el la luz del sol a la fría madrugada.
Te extraño, te quiero y pido tu perdón...

Pensando en la idea de que pudo quedar mejor con un poco más de tiempo (y de paz fuera del trabajo) lo modifiqué en cuestión de un par de minutos para que quede así:


En la penumbra más oscura me hace falta tu mirada,
como la luz del sol hace falta a la fría madrugada.

Te extraño, te quiero y te necesito,
con este pequeño verso tu perdón yo pido.

Claramente no tengo nada mejor que hacer. =P