19 ago 2012

El día en que deje de creer.


17 de mayo de 2005

Sin saberlo yo en ese instante, ese día marco uno de los hitos que mayor cimiento le han dado a mi sentir de que, en este mundo, el semblante de justicia idealizada que yo tenía cuando joven no existe ni en su más ínfima expresión: ese día fue asesinada alguien que bajo ningún contexto merecía ver su existencia segada de forma tan repentina e injusta.

Y aunque seguro estoy que ella no ha sido la primera ni será la única en este mundo que muere de manera injusta, ella es la primera persona que pierdo y pertenece a mi esfera sentimental/emocional personal; otras muertes las he vivido a través de lazos de sangre, con ella fue distinto pues solo nos unía un vinculo de amistad, pues a pesar de que nuestras familias se conocen, ambos desarrollamos una amistad de forma independiente a ello.

Hoy fui a visitarla nuevamente, pues su cumpleaños está cerca, y caigo en cuenta que prefiero no creer en la idea que las cosas pasan por una razón o, peor aún, porque Dios quiere que así sucedan: pues en mi estado humano me es simplemente imposible considerar viable el entender las maquinaciones y designios de Alguien omnipotente, omnipresente y omnisapiente.  Mi problema radica en que, de creer en ese Plan Maestro, me rehusaría a siquiera considerar como justo el hecho de que en ese designio la muerte de ella tuviera una razón de ser, que fuera justo y necesario su sacrificio para el correcto caminar de este plan.

Ese funesto día, sin saberlo en el instante en el que sucedió, deje definitivamente de creer en un Plan Maestro, en una justicia idealizada, en un destino predeterminado y me adherí a la idea de que el libre albedrio es el que rige nuestra existencia y la de aquellos que nos rodean.  Pues solo el libre albedrío de alguien imperfecto, de alguien humano, puede justificar su ausencia hoy.

12 ago 2012

Yo y yo; lo diferente y lo que sigue igual, y como el mundo reacciona ante esto.



De hace un par de días atrás tengo ciertas ideas y pensamiento en mi cabeza, no por alguna persona en particular, sino tan solo como un tópico generalizado, acerca de cómo mi cambio físico afecto como soy percibido por otros.

El cambio de percepción existe, de ello no hay duda: yo mismo soy participe de ese cambio de percepción pues ahora tiendo a verme diferente y actuar un tanto diferente derivado de la “confianza” imbuida por mi nuevo yo.  Por otro lado, yo estoy muy consciente que el cambio es puramente físico pues, en el fondo, sigo siendo el mismo tipo excéntrico, nerdo, introvertido y poco presto para ciertas actividades de la vida humana.

Mi tren de pensamiento, entonces, no se deriva en mi visión del yo por mi, sino en el cómo me ven por mi cambio en el exterior y como, derivado de este cambio, cambia también el trato de otros hacia mi. 

Hago la aclaración de que no escribo esto con alguien en mente, pues es tan solo una idea y no algo que, al menos de forma consciente y notoria, yo haya visto que me suceda con las personas que me conocen de años atrás.

Obviamente la visión del sexo opuesto varió, de eso estoy claramente consciente, pero no es la nueva ola de personas a mí alrededor que me tienen pensando, sino las personas de mi pasado y como el nuevo yo modifica su comportamiento; sin dar más largas, mi idea gira en torno a como tomaría yo el que alguien que, en el pasado, no tenia consideración alguna por mi persona ahora, debido al cambio, lo tuviera.

Si, lo se, un planteamiento harto egocéntrico pero que imagino podría suceder —pero como lo he dicho, no ha pasado— es que una mujer que previamente no tenia interés en mi, conociéndome en mi estado físico más “débil” y siendo como siempre he sido ahora cambia su mentalidad con mi nuevo y “mejorado” yo —mientras, por dentro, sigo siendo el mismo que antes.

¿Acaso apreciaría este cambio de actitud?  En papel diría yo que no, pues eso significaría que en mi punto más bajo fui hecho a un lado y, ahora, mejor, se me considera otra vez; eso significaría que el interés no es por quien soy —pues eso no ha cambiado— sino por como me veo; algo que debido a mi condición pasada es algo que yo nunca considere —pues como yo podía juzgar solo por el físico cuando nunca quise que se me juzgara así a mi.

Debo aclarar que eso es solo en papel, probablemente en la realidad afectarían otros tantos factores poco lógicos —sentimientos de antaño, deseos reprimidos, amores platónicos, sueños pasados— que seguramente me harían pensar dos veces en cuanto a negar la posibilidad de alguien que me busca solamente basado en el cambio físico que sufrí.

Pero al final, esto es tan solo una idea y suposición, pues creo decir que nadie a mí alrededor caería en tal situación pues muy bien saben que yo soy quien soy, gordo o delgado.

28 may 2012

Diario de un ex-adicto (3 de X)

ES MI CULPA, mía y de nadie más.  Nadie me obligo a fumar bajo efectos del estrés y, ahora, cual perro de Pavlov, salivo al recuerdo de un cigarro mientras el estrés me ataca, me llena y me consume.

Una y otra vez me encuentro deseando un cigarro en momentos donde el se puede sentir el estrés en el ambiente y eso se deriva, como lo expliqué, del hecho que cuando fumaba, lo hacia con mucha mayor frecuencia bajo la carga y el yugo de la tensión emocional.  Puedo decir que en estos día el estrés trata de empujarme hacia el 'yo fumador', ese que dejé de ser hace poco más de año y medio.

Me atrevería a decir que lo anterior probablemente es una de las mayores pruebas que he de superar —quizá de forma constante y permanente— en mi nueva vida como no fumador; es difícil, es muy pero muy difícil, pero he logrado mantenerme firme hasta el momento y por qué me lo debo a mi mismo —momento donde se justifica el orgullo como combustible de acción alguna.

En un tema similar, sigo adelante en mi 'entrenamiento' de poder acostumbrarme a sentir olor a cigarro cerca mía y no volverme loco por fumar "tan solo uno"; se que puede sonar masoquista —cuantos de los que me conocen tienen ya esa frase inscrita en su mente al leer esto— pero no puedo creer que yo no sea capaz de estar en un ambiente de tabaco y no ser capaz de resistir la urgencia de pedir uno.  Debo admitir que este fin de semana si mencioné que el ver el cigarro me daba ganas de fumar; de forma amable mi jefe lo removió de mi vista.

Supongo que de alguna manera —probablemente respaldado por algún tipo de lógica retorcida— tengo la intención que un habito forzado ayude a remover otro tanto del mismo rubro; no, no estoy seguro que realmente vaya a funcionar, pero seguro no se me ocurre otra cosa.

Al final escribo esto para compartir lo que tengo en mi mente; no soy tan iluso como para pensar o imaginar que mis textos vayan a impulsar a alguien a dejar de fumar o no tomar el vicio del todo, no.

8 may 2012

Diario de un ex-adicto (2 de X)

La gente, ni siquiera tus amigos, les interesa demasiado saber lo que se siente cada vez que sentís el olor de un cigarro o cuando lo ves.  Y me atrevería a decir que no es por falta de interés —aunque en ciertos casos eso si puede ser cierto— sino porque en realidad no tienen un conocimiento concreto de lo que se siente pasar por ello; el ser humano está conectado de manera que, para mostrar cierto nivel de empatía, debe tener la capacidad de relacionarse de forma concreta con la situación, incluso si eso significa hacer una transposición de casos que, aunque no iguales, tienen cierta similitud.

No los culpo, sin duda alguna que no, el que esté escribiendo esto significa que estoy al tanto de esa limitante en cuanto a su capacidad de entenderme o brindar algún tipo de palabras de aliento —no, no me he olvidado de aquellos que si lo hicieron y, por ello, estoy profundamente agradecido—; el problema radica en cuanto a que, al ser una persona normal, hay ciertos instantes donde vos esperas una demostración de apoyo o simpatía, ambos pueden ser no necesariamente verbales pero sin embargo existir; considero esto como una especie de respuesta automática, que contrario a las instintivas, que se derivan de impulsos naturales programados en nuestra raza humana desde tiempos inmemoriales, las primeras encuentran su origen en la interacción típica a la que nos vemos atados al ser, para ponerlo en términos muy sucintos, animales sociales.

Por otro lado, el dar una medida cuantitativa de la situación en la que te presentas —el tiempo que llevo sin fumar, por ejemplo— crea una unión casi instantánea en cuanto al esfuerzo, no en magnitud de intensidad o compromiso sino en términos relativos al tiempo, al cual has sometido a tu ser con tal de alcanzar un objetivo predeterminado; en otras palabras, es mucho más sencillo que entiendan el "llevo un año y siete meses de no fumar" o decirles "tuve una recaída debido al cigarro y la pasé mal".

Al final esto es algo que, tal cual lo mencioné en la primera entrada de este diario, debo sobrellevar solo; no porque no haya en el mundo quien lo comprenda —si lo hay, muchos diría yo—, sino porque en mis círculos sociales no hay alguien con la debida cercanía o confianza con el que lo pueda compartir y, por sobre todo, que esta persona lo entienda y responda acorde a tus expectativas —cuan altas o bajas estas sean para tu caso en particular.

30 abr 2012

Diario de un ex-adicto (1 de X)


8:45 pm 


Necesito un cigarro, como desde hace mucho no lo había querido.




10:08 pm – 10:32 pm


Estoy en mi terraza, viendo al cielo y la calle, como tantas otras noches. La única diferencia es que no tengo un cigarro en la mano; mi cuerpo me pide a gritos que fume: siento la boca reseca, la ansiedad en los dedos, la urgencia en mi mente.


Estoy solo aquí arriba deseando estar en otro lado cualquiera con un cigarro a la boca. Pero estoy acá arriba pensando en mil y una formas de deshacerme de este maldito deseo. Preguntándole si alguna vez podre ver un cigarro sin que el deseo de fumar reaparezca.


Y es el tipo de lucha que solo yo puedo pelear, solo. Porque pocas vida puede decirse pata reducir una ansiedad, un relapso de la adicción.


Estoy en la terraza tratando que mis propias ideas, mis propias palabras me de un poco de paz. Tan solo un poco, lo suficiente para pasar la noche. Sé que mañana este deseo irracional se va a ocultar, va a esconderse en los escondrijos de mi mente. Pero eso es mañana, hoy necesito distraer a mi consciente, hacerle olvidar que mi cerebro le urge retomar el cigarro.


Y esa luz en la otra calle no ayuda, la luz de la tienda donde durante años compré cigarros.


No comprendo de donde proviene el deseo, fue algo tan repentino. No me había sentido así desde hace más de un año. La primera vez que me sentí tan desesperado por un cigarro fue la primera semana que lo dejé. Recuerdo que no pude dormir jajaja


Vaya crisis la que se me dejó venir; honestamente pensé que ya había dejado lo más difícil atrás.


Yo sé que soy mejor que esto, yo sé que puedo resistirlo; maldita sea, lo he hecho por casi año y medio, ¿qué es tan solo una noche? Tengo que recordar las razones por las que dejé de fumar, recordar por que me niego a regresar al cigarro. Eso me tiene que inspirar.


Por cierto, disculpen por el spam: si no escribo lo que tengo en la mente voy a 'perder la razón'. O al menos eso parece.


Menos mal no me tiemblan las manos como en aquella primera semana; el dolor de cabeza si esta aquí.


No puedo ser débil, no después de tanto tiempo: me lo debo a mi mismo.




10:44 pm


Increíble como tan solo 5 años de fumar me dejaron tan enraizado el vicio. Curioso todo este asunto de la recaída psicológica.