7 may 2011

…en el tren de la nostalgia.

Así que finalmente llegue a mi cierre, llegue al “final” de la carrera —no soy tan ingenuo para realmente creerme eso del final, por cierto— y, como era de esperarse, entro una enorme oleada de nostalgia después de mi último parcial.  ¿Qué decidí hacer con ella?  Dejarme llevar.

Durante gran parte de mi vida universitaria tuve la costumbre de caminar desde el T3 hasta el S12/S10 y de regreso, en ocasiones circundando por el exterior de la universidad para extender la caminata.  Esta vez no fue la excepción; salí temprano de mi examen y decidí caminar para perder el tiempo, es aquí donde me doy cuenta que sería de las últimas veces que podría hacer eso, al menos como estudiante oficial de un semestre completo, así pensé en darle un pequeño twist al asunto: ir a visitar mis antiguos salones de clases, en el S12, S10 y S11.

Mientras caminaba pensé en todas las cosas buenas y malas que me sucedieron como estudiante de la USAC; todos los enojos y alegrías, todos los sinsabores y satisfacciones, todo el ying y el yang del asunto.  Pase por el S12 primero, donde mis recuerdos van más allá del ámbito académico —detalles no necesarios—, donde recibí clases, donde conocí personas, donde forjé amistades duraderas… vaya, nunca pensé que fueran a ser tantos los recuerdos que tendría de ese lugar.

A continuación visite mi edificio favorito, el S11 —para los que lo conocen, sé que no parece gran cosa, pero algo en su simplicidad y aparente soledad se me hizo tan llamativo—allí no recibí muchas clases, tres para ser exactos, pero aun así me trae suficientes recuerdos del agrado que me causo el edificio tantas veces.

Por último, visitar el S10, donde todo comenzó, donde se inició el gran trecho en el cual estoy próximo de caminar el tramo postremo. Les seré honesto, no recuerdo el salón exacto donde lleve mis primeras clases —lo busque en el sitio de ingeniería, pero no tienen los datos de tantos años atrás— y, aun así, el estar parado de nuevo allí, me hizo ver que tanto todo ha cambiado y que también todo sigue igual.  Antes de retornar para irme del campus, pase comprándole un par de cajetillas de chicle a la misma señora a quien se las compre el primer día de clases, para cerrar ese círculo que marca el hito de una vida.

En mis caminos recordé tantos lugares que me traen buenos recuerdos, desde pláticas hasta regaños, pasando por peleas y confesiones… de todo un poco se vivió allí.  Como dato curioso, precisamente ese mismo día vi a mi primer crush de la universidad —si necesitan saberlo, me enamoré de sus ojos— y comprobé, como a veces me parece difícil creer, que no en vano pasa el tiempo en esta tierra.

Cuando recién entre a la universidad me negaba a creer que podría tener un céntimo del atado sentimental que tuve —y aún tengo, pero en mucho menor grado— con mi colegio, pensaba que era un lugar demasiado amplio, acaso aparentemente inhumano, como para poder engancharme a éste; allí estuvo mi error, no me enganche a éste —al menos, no tanto— sino a los recuerdo que en él obtuve, a las experiencias que por él se iniciaron, a las personas que allí conocí y que significaran demasiado por el resto de mis días, aun si la situación nunca será reciproca de modo alguno.

Mi problema con el Alma Mater es que es una entidad muy mecánica, fría, descorazonada e inhumana; un gran Leviatan apostado en la parte sur de la capital.  Y sin embargo, lo humano, la sangre y la vida la formamos nosotros; nosotros y los recuerdos que nacieron allí 

Una mesa que representa la honestidad de una platica, una banca que representa confesiones, otra orilla que materializo los sentimientos y la verdad.  Un camino, una banca, una mesa, un pasillo que me acompaño en la soledad entre miles de personas a mi alrededor; y otros tantos que representaron el lado humano y social en mi.

Esa circulación, esa vibración, ese todo; eso es nosotros y nosotros somos ello.

El cambio y lo perpetuo, el principio y el fin, el crecimiento y lo estático...  El yo de ayer y el yo de hoy: porque todo cambia y todo sigue igual.

30 abr 2011

Semana Santa en Guatemala; la Semana Santa en mi vida.

Algo que me ha hecho ver la Semana Santa (S.S. de ahora en adelante) de otra forma es el rito de visitar siete sagrarios —aunque acepto que rito suena altamente exagerado, podría cambiarse por tradición—.

Para aquellos no estén familiarizados con esta tradición — ¿ven cómo se ve mucho mejor? —, consiste, en su forma más minimalista, en visitar siete iglesias durante la noche del Jueves Santo.  Con mi poca familiaridad hacia la tradición —llevo tres años en ella, si mal no recuerdo— me impide decir si el ésta involucra algo más que la pura visita, puede que se pongan velas, se haga una oración especial, que se yo…  pero digreso, el punto al que quiero llegar es que esta tradición me ha demostrado el poder que tiene la religión en la vida de las personas.

Me es difícil imaginar alguna otra ocasión en la que el pueblo de mi país esté tan dispuesto a arriesgar el pellejo, que en estos tiempos puede reducirse al salir tan solo para ir a la tienda o farmacia,  con tal de sentirse parte de una tradición que va más allá de los credos, de las razas, de las clases y de tantas otras características.  Por tercer año consecutivo no puedo sino sorprenderme  —con una enorme sonrisa en la cara, por si no fuera poco— de la enorme cantidad de gente que se podía ver alrededor de la media noche a través de las calles principales de la zona 1; más aún ver a gente caminar bajo la lluvia —cosa que para mí es de sumo agrado— con tal de no perder la oportunidad de visitar esa iglesia que es devota de su corazón.



Por otro lado, hoy, mientras platicaba con un amigo, me menciono que había una razón en particular por la cual él no estaba en total acuerdo con las procesiones durante S.S.; recuerdo que uso un pasaje bíblico para justificar su argumento —no me atrevo a decir cual, siendo la única razón de esto el que no me acuerdo; no le haría justicia si intentara adivinarlo o buscarlo—.  En este pasaje se contraponía el hecho de venerar o ejecutar penitencias/sacrificios en oposición a un simple voto de obediencia —una vez más recuerdo que estoy parafraseando el asunto—; mi amigo reflejo que la “penitencia” que realizan los cargadores durante las procesiones de S.S. son la versión actual de esa veneración que Dios rechaza en el pasaje bíblico; no pude evitar argumentarle que, en realidad, la tradición de procesiones no es más que un paralitúrgico (una acción o tradición que esta fuera del rito litúrgico establecido por la iglesia organizada) y que por lo tanto no refleja el actuar de la iglesia católica, sino más bien la idiosincrasia del católico guatemalteco, que ve en esta tradición un puente de redención o simplemente una tradición enraizada en nuestra cultura.  Puedo sin ninguna pena admitir que cuando cargue —una sola vez en mi vida— pensé que todo el asunto, más allá de la mística del momento, podía considerarlo como una especie de penitencia, pues termine sangrando del hombro y todo el asunto —aclaro que nada tenía que ver con alguna especie de milagro o similar, simplemente un pequeño alambre que es parte de mi entonces uniforme de gala—, mas ahora lo miro como un lindo recuerdo y experiencia que todo guatemalteco debe tener.



Al final de todo lo que puedo decir, la S.S. significa mucho para muchos, al extremo que no se puede englobar en un solo escrito —Dios sabe que esa no es mi intención con este embrollo de palabras— pero, a mi manera de ver, queda más que claro que es algo que cambia totalmente el actuar del pueblo, algo que nos motiva a mostrar lo mejor de nosotros y que representa todo aquello que debemos alcanzar durante esa semana y mucho más allá de ella.

Porque es parte de lo que
nos hace Guatemala.

30 mar 2011

El valor de la confianza…


…es totalmente incalculable; permítanme me extiendo.

Uno de los regalos más importantes que puedo yo recibir de alguien es su confianza; esa capacidad de ver en vos a una persona en la cual puede confiar infinidad de cosas, desde las más banales hasta las más serias.  Es difícil comprender como exactamente se llega a ese punto —está por demás decir que cada persona tiene un punto distinto—, sin embargo sucede.


En mi caso particular —aunque sería iluso pensar que es exclusivo— esos lazos de confianza tienden a aparecer de la nada, en tan poco tiempo que no puedo explicarme exactamente el por qué o cómo sucedió.  Personas resultan contando, durante una plática que a mi parecer lleva un camino monótono, rutinario y común, ciertos detalles de su vida que de ninguna manera esperaba enterarme, no porque tuviera algo en contra de ello, sino simplemente no parecía encontrarse alguna señal de que la persona te viera de esa forma, como alguien a quien se le pueden contar ciertas cosas que no todo el mundo debe saber.


Esto anterior no me ha pasado solamente con amigos —aun si me he topado con momentos sorpresivos de confesión por parte de algunos cuantos— sino de personas que, para todas las intenciones y propósitos, no van más allá de ser conocidos, personas con las cuales no supones una relación que sobrepase los saludos cordiales y algún intercambio de palabras del tipo diplomático.

La idea detrás de esta entrada en el blog se remonta a un par de casos en particular que se me han presentado durante mi practica en donde personas, con las que he compartido a lo sumo un par de horas, ven en mi algo que los empuja a contarme cosas que, en mi opinión, no se le cuentan a cualquiera.  Esa muestra de confianza sin ataduras, sin motivos ulteriores —o eso me gusta pensar— y sin razones aparentes me hace pensar que soy una persona muy afortunada por poder contar con esa símbolo de confianza por parte de otra persona.

Esta confianza resulta ser una alegría y, dependiendo de lo que se comparta, una cruz.  La alegría consiste en saber que alguien ve algo en vos, lo que sea, lo suficientemente estable, fijo o concreto como para revelarte todo aquello que a pocos muestra; la cruz se materializa en el momento en que este algo no revelado suele ser muy profundo, impactante o fuerte.

Incontables veces me han contado cosas que me suponen algún tipo de cargo de conciencia, sea por la razón que fuere, y que al final de todo termina siendo una especie de cruz, cruz que representa una carga que estoy dispuesto a aliviar de sus hombros.  Dicho esto, y a título personal, no soy precisamente del tipo que le agrada compartir mis “cruces” con nadie —cosa que ha sido tema de reclamo, un sin número de veces, entre mis amigos más cercanos y yo—.

El propósito de esto es, aparte de expresarme, dar un saludo y agradecimiento silencioso a todos aquellos que de alguna u otra manera me han elegido como el ente para recibir esa confianza, es un honor poder formar parte de su vida, siquiera sea solamente en esta medida, pero que representa una responsabilidad para con ustedes que estoy totalmente dispuesto a continuar ejerciendo.

De todo corazón, gracias.

5 mar 2011

Hacer lo “correcto” aun cuando siento que está mal.

Algo dentro de mí me ha dicho una y otra vez por las últimas par de semanas que “¡Ese no sos vos!”, que lo que estoy haciendo no se siente bien, que no es mi típica forma de actuar; aun así, lo continúo haciendo.

Una y otra vez he dicho, aconsejado y predicado que NUNCA debe actuarse con el corazón, que nunca debe hacerse o decirse algo cuando la mente no está fría, cuando los sentimientos están a flor de piel y, para variar, esta es otra de esas ocasiones en donde no sigo mis propios consejos.

He tratado de justificar mis acciones una y otra vez, y otra vez y otra vez… tengo todos y cada uno de los argumentos para defender mi postura, lo he repasado en mi cabeza cientos... no, miles de veces pero siempre queda esa sensación de que nada de lo que haga o diga lo hace bien.

Me he dicho que se me forzó, que se me dejo sin opción, que cope todo lo que siempre supe hacer para lidiar con el problema y que, cuando todo fallo, no quede con otra alternativa, pero siempre la hay, yo se que la hay… pero, ¿es esa alternativa viable?  Es decir, las alternativas, de existir, allí están, sin embargo mi lógica —mi orgullo, tal vez— me dice que no funcionara, que simplemente pase lo que pase se cruzo un punto del cual no hay retorno fácil, o al menos un retorno por camino corto.

Esa voz interior, eso que me empuja a ser “bonachón” y “buena persona” —todo esto a mi criterio, claro está— sigue insistiendo que debí intentar arreglar el asunto, que debí probar otra vez con todo eso que intente y que, de una u otra forma, fallo.  Mi lógica me muestra datos, me muestra experiencias, me muestra relaciones, me muestra interpolaciones, que prueba una y otra vez que no tenia mas salida, que si todo esto sucedió así, fue porque las circunstancias de ambos empujaron a que se diera de esta manera, que si bien la decisión fue unilateral, el camino a ésta fue de dos partes —como bien se ha dicho, el tango es de dos— y que al final, mi decisión, era lo mejor para todos.  ¿Con que derecho puedo YO decidir que es mejor para alguien más que mi mismo? No lo sé… como nunca sabré si muchos de los detalles que arman mi marco lógico de decisión tenían alguna base en la realidad — ¿acaso algo en las relaciones humanas tiene base en una lógica realidad? —, pero creo que es el riesgo al que me atengo por esta decisión.

Toda obra tiene su resultado, toda palabra tiene su consecuencia —otra frase muy frecuente en mis consejos— ahora es cuando para compruebe por mi mismo la veracidad de esto… y si es que tengo lo necesario para soportarlo. 

11 feb 2011

Día del cariño, una relación de amor/odio entre él y la opinión publica.




He notado como una y otra vez, a través de las distintas redes sociales, se han pronunciado opiniones en pro y contra del bendito día del cariño —14 de febrero para aquellos que viven bajo una piedra—,  así que como hoy viernes tengo tiempo libre y pleno aburrimiento, me animo a expresar mi opinión también.

Veamos... los argumentos típicos en contra del día es el alto nivel de comercialización que se le ha dado, que en lugar de ser un día donde se debe compartir y celebrar la amistad, se convierte en un día donde la búsqueda de un regalo, sean de cualquier tipo imaginable, se convierte en una "prioridad" y, como era de imaginarse, la "gallina de los huevos de oro" para aquellos que buscan generar ganancia de esta mentalidad.  La visión de este grupo en particular es que se debe celebrar el cariño y la amistad TODOS LOS DIAS y que el puntualizar este suceso a un solo día es solo un intento más de marketing para quedarse con el dinero de las personas.

Por otro lado, algunos defensores del día pueden argumentar, que puede que se deba a un resentimiento en contra del día porque no se tiene con quien compartirlo —siendo este un argumento increíblemente falto de inteligencia— mientras que otros mucho más sensatos lo miran como una especie de reacción de rebeldía en contra de un proceso cultural establecido, con el cual mostrar desacuerdo puede mostrarse como un acción “hipster” o “cool”… vamos, que se yo, los argumentos en pro tienden a ser ignorados en el primer caso y escasos en el segundo, aclaro que no es por falta de interés del grupo "pro", sino porque al ser lo establecido no hay mayor necesidad de defender la postura.  Este grupo simplemente halla la celebración de este día como un bonito detalle que resalta la importancia del cariño y la amistad, y que independientemente de todo, a nadie le duele recibir algún detalle con dedicatoria sentimental.

¿Mi postura?  Como es de esperarse, mi postura es simple y sencilla, centrada en la tolerancia y libertad de expresión.  Actitudes pendencieras de denuncia en pro o contra del día no facilitan las cosas porque ninguna de las dos partes tiene intención alguna de ceder.   

¿Te gusta celebrar el día del cariño de forma especial?  Hacelo, disfrutalo y compartilo con aquellos que te importan.  ¿Sentís que el día del cariño es solo otro día fabricado para gastar dinero? Pues no lo celebres, no les des “el gusto” y compartilo con aquellos seres queridos de maneras novedosas y distintas, en caso que no compartan tu opinión, o como un día más en caso que tengan tu misma corriente pensamiento. ¿Pensas que el cariño y la amistad debe celebrarse todo el año, sin necesidad de tener un día en particular? ¡Demostralo!  Demostralo y no lo des importancia a esta guerra, que al fin y al cabo no es con vos el pleito.

Claro está, como todo lo que aparece en este blog, solo se centra en mi opinión y dudo mucho que tenga alguna influencia sobre alguno de los lados; esta lucha lleva mucho tiempo y no parece que vaya a terminar pronto.